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Los frigoríficos no saben qué hacer con los cueros: valen poco, nadie los compra y se les pudren

 

La crisis del cuero está generando nuevos problemas en los frigoríficos. Integrantes de la Asociación de Frigoríficos e Industriales de la Carne (Afic) señalaron que las curtiembres comenzaron a dejar de retirar el cuero debido al bajo nivel de demanda mundial del producto. Eso genera dos grandes problemas: la necesidad de incrementar el personal para almacenarlo o la de asumir los riesgos ambientales que implica su desecho.

 

En la Argentina se producen cerca de 12 millones de cuero por año, el número de animales bovinos que se faenan. Históricamente los cueros fueron procesados casi con exclusividad por una industria curtidora que cuenta todavía con un régimen de protección arancelaria que la convierte en la única compradora de los frigoríficos. De lo que se producen, las curtiembres exportan cerca del 80% y dejan el resto para la industria local.

 

La mayor demanda mundial de cueros proviene de la industria automotriz, que de todos modos en los últimos años comenzó a reemplazar el producto por otros más “ecológicos”. Esta es una de las causas de la pérdida notable del valor internacional de los cueros, que ronda el 40%. Hoy el precio local por kilo no llega a los $10, cuando hace tres años valía $10. Si se calcula sobre los costos el efecto inflacionario de estos tres años (100% aproximadamente) la pérdida en los ingresos es mucho mayor a ese 40%.

Tradicionalmente con el dinero que se generaba por la venta de cueros y otros subproductos, las empresas que brindaban el servicio de faena a terceros pagaban sus costos fijos, pero con la pérdida de ingresos debieron comenzar a cobrar por el servicio a los matarifes. Ese sobrecosto se trasladó al precio de la carne y de la hacienda.

 

Pero ahí no termina el problema. En muchos casos recién empiezan.

 

Los empresarios cordobeses contaron que el problema ya no es el precio sino la falta de demanda.

 

“Muchas curtiembres ya ni retiran (los cueros) y eso obliga a salar el cuero para poder almacenarlo sin que se pudra. Pero para eso hay que contratar más personal, alquilar galpones en los casos en los que no haya infraestructura suficiente, e invertir en los insumos necesarios a la espera de que la cosa cambie o se reactive la demanda”, explicó el dueño de un frigorífico cordobés.

 

El industrial advirtió que hay plantas que “no pueden hacer ese gasto y se ven obligados o tentados a analizar la posibilidad de tirar el cuero, que es altamente contaminante”.

 

Otro empresario señaló una versión no corroborada: “En Tucumán, donde hace tiempo no se retiran los cueros, los están enterrando”.

 

Otro empresario, dueño de una empresa importante en la provincia, explicó el problema de la siguiente manera: “Al cuero, cuando no se lo lleva la curtiembre, se lo debe salar y mantener unos días en piletones con salmuera. Luego se lo puede almacenar en galpones”. Pero esa opción de conservarlos la pueden hacer los que cuentan con más espaldas financieras.